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Llamado a la solidaridad

9 junio 2008

Se solicita la colaboración de la población para lograr interpretar qué demonios quiso decir la Presidenta cuando dijo: “No soy una estadista sino la Presidenta de la República”.

Desde ya, muchas gracias.

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Bâtiment

8 junio 2008

Si la blogósfera fuera un edificio en el que todos vivimos, el botón “Next Blog” sería la oportunidad que tenemos para conocer al vecino de al lado. Después de todo, cuando nos quedemos sin azúcar o precisemos un martillo tendremos que recurrir a él.

Por eso creo que la única desventaja de WordPress sobre Blogger es no poder conocer al vecino de al lado.

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Volare

8 junio 2008

Planificando mis vacaciones de invierno, me puse a mirar precios de pasajes aéreos. Desde chico que me encantan los aviones, así que, si puedo pagarlo, elijo siempre volar.

La queja eterna de todos los aviadores es que, al estar reguladas por el Gobierno, las tarifas son demasiado bajas y no permiten que el mercado se expanda, que se traigan nuevos aviones, que haya más vuelos, etc.

Volar, hoy, de Buenos Aires a Córdoba y vuelta sale alrededor de 600 pesos. A Salta y vuelta, casi mil.

Aquellos que andan quejándose por la regulación tarifaria merecen ser muertos por linchamiento en plaza pública.

He dicho.

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Mensaje de medianoche

7 junio 2008

1:30 am del sábado, estudiando en casa para la batahola de parciales de las próximas semanas. Suena el celular. Mensaje de texto.

Sofía- Fiesta en Gorriti y Scalabrini Ortiz. ¡Vénganse!
Hugo- Parcial el viernes. ¡Venite!
S.- Seguí haciéndote el vivo que te voy a mandar a marzo.
H.- ¿Qué se supone que signifique eso? Yo estudiando en pos del futuro del país y vos de joda. Dios le da pan al que no tiene tostadora.
S.- Sos un mártir de la patria. Decime que estás estudiando Obligaciones y te regalo algo.
H.- ¿Derechos Humanos sirve? Es en sintonía con el Gobierno Nac&Pop.
S.- Califica solo para un Marroc. Es una materia interesante al menos.
H.- Sin duda. ¿La fiesta es un chasco? Me estás prestando demasiada atención. No sé si es buena idea. Soy leonino.
S.- Sos tierno en el fondo y lo sé. Te dejo estudiar en paz. Beso.
H.- Tierno, pero no muy cocido. Disfrutá de la fiesta.
S.- ¿A punto?
H.- Sangrante.

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Desde el campo de batalla

6 junio 2008

Armstrong, provincia de Santa Fe, mediodía.

Juan es productor agropecuario. No terminó el secundario porque tuvo que ponerse a laburar con su viejo. Él era contratista y a base de ahorro y esfuerzo logró comprarse una chacra. Apenas 100 hectáreas y un tractor Fiat, todo a medias con el tío, porque él solo no llegaba. Juan se levantó toda su vida a las cinco y media de la mañana para ir a trabajar en el campo. Estuvo una vez en Buenos Aires y no le gustó. “La gente anda toda apurada, no saludan, te pasan por encima. Eso sí, conocí la Bombonera“. Desde hace algunos años que a Juan le va bien con el campo. Cambió el tractor Fiat por uno John Deere, llevó a los chicos a que conocieran Rosario y hasta se pudo ir por unos días con la patrona a Mar del Plata. En Semana Santa, claro, porque en verano hay que levantar la cosecha. El 11 de marzo, Juan estaba en su casa viendo la televisión cuando escuchó hablar a un Ministro de Economía que probablemente nunca siquiera había montado a caballo. Se juntaron con los de los campos vecinos y empezaron a protestar. Él nunca había salido a protestar, pero se sentía muy mal. Le querían sacar todo lo que había conseguido para hacer un tren bala. Juan sigue ahí ahora mismo, en el piquete de Armstrong. Está triste. Quiere volver a su casa, a dormir, para levantarse temprano, tomar unos mates y salir a trabajar el campo. Como lo hizo siempre; como lo hizo su padre. Escucha a un Ministro hablando por televisión. Traga saliva y piensa, con bronca: “¿Qué diría el viejo de todo esto?”

Chacabuco, provincia de Buenos Aires, cinco de la tarde.

El micro se detiene en la ruta. “¿Qué pasa?”, pregunta Antonia. Tiene que viajar a Mendoza. Su sobrina está por parir. La madre había muerto hacía años y ella tomó su lugar. Cuando se enteró que estaba embarazada, se puso feliz. Le juró que iba a ir a visitarla para conocer a su casi nieto. Anoche, sonó el teléfono. Era el marido: “¡Está por romper, Antonia! ¡Véngase ya!”, le dijo. Y ella se despertó, armó el bolso, se fue a Retiro y recorrió todas las boleterías inquiriendo cuál es el próximo que sale a Mendoza. Tenía una gran sonrisa en la cara. Era el primero de la sobrina después de tres perdidos. “¡Está cortada la ruta!”, grita el chofer. “Y dicen que es por tiempo indeterminado…”, agrega con voz de resignación. Afuera llueve y hace frío. Antonia tiene en la billetera apenas cincuenta pesos y una estampita de San Ramón Nonato, al que le rezaba todas las noches hasta anoche para que la sobrina tuviera suerte. Se larga a llorar. “¿Qué le pasa, señora? ¿Está bien?”, pregunta la chica que viaja en el asiento de al lado. “Nosotros acá parados y mi sobrina está por tener un nene”, contesta con la voz entrecortada. “Yo tengo que estar allá sin falta mañana, señora, así que ni me lo diga”. “¿Qué tenés que hacer?”, responde Antonia. “Mañana al mediodía se casa mi hermana, señora”. Y la chica también se larga a llorar.

Buenos Aires, 9 de la noche.

El Ministro la miró fijamente, tomó aire y dijo lo que desde hacía días que quería decir: “Tenemos que aflojar. Esto no puede seguir así. Un par de días más y empieza el desabastecimiento, la gente no puede viajar, los productores nos quieren comer crudos, muchos de los nuestros están borrándose y tu popularidad está bajísima. En serio, no queda otra”.

La Presidenta siguió mirando el espejo: se maquillaba antes de tomarse el helicóptero a La Matanza, donde iba a inaugurar una obra. Sin siquiera darse vuelta y con tono de indiferencia le contestó:

“No sé. Mejor hablalo con Néstor“.

Y siguió pasándose delineador. Como si nada.

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Hacete el orate

6 junio 2008

El destino quiso que hace algunos días enviara un mail con un artículo publicado en Crítica sobre el conflicto del campo y su no repercursión en la vida diaria de Buenos Aires. Lo envié a algunos familiares y amigos que viven en las provincias y, de paso, a mi ex novia mediterránea. Ella está metida en toda esta movida neo-campesina cordobesa y no me cuesta nada imaginarla en el piquete de Sinsacate. Si hasta fue a Rosario a vitorearlo a De Angeli. Y eso que más a la derecha que ella está la pared. Claro que no esperaba que me respondiera. Desde que cortamos, en diciembre pasado, nos vimos una vez (por razones de fuerza mayor) e intercambiamos apenas algún que otro mensaje de texto.

Pero me respondió. Me mandó un mail bien escrito, cordial, donde me explicaba un poco su posición en este conflicto. Se lo contesté y, al cabo de una hora, tenía otro correo suyo contándome en qué andaba su vida. Se acordaba muchas cosas sobre mí que yo creía olvidadas y agregó que pensaba venir por unos días a Buenos Aires.

Creo entrever algo, pero conociéndola, mejor hacer de cuenta que aquí no pasó nada.

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Nueva Andalucía

5 junio 2008

Que soy un soñador, no es ninguna novedad. Uno debe ser soñador cuando nace en la Argentina. Eso, o la depresión crónica. Desde chico que me gusta soñar, imaginar, pensar y viajar en mi mente. Viajar a lugares donde la pasé bien, donde hay gente que quiero y donde, por sobre todo, generé buenos recuerdos. Lo mejor de viajar es generar recuerdos, para así poder seguir viajando constantemente en la imaginación. Uno de esos lugares es Córdoba y, de un tiempo a esta parte, La Docta me aparece cada vez más seguido en la memoria.

Córdoba es, para mí, gente con la que se puede contar en las buenas y en las malas, vínculos fuertes como la sangre, muchísimas risas, algún que otro llanto, alegría y tristeza. Es esa fascinante y adorable imperfección que nos caracteriza a los argentinos, esa mezcla de ciudad y pueblo chico, la unión federal de los estudiantes de todo el país que cursan en sus universidades (la Nacional, la Católica y el Arca de Noé, como le dicen a la U. del Siglo XXI…porque de ahí salen todos los animales). Es la joda de sus noches, el Fernet, los asados en el campo y el humor cordobés. Córdoba es un noviazgo que no duró porque los dos estuvimos mal, sobre todo yo, que sigo recordando con cariño y, a veces, me gustaría recuperar. Es también descubrir que hay gente que realmente me recibe con alegría, con ganas y con un afecto que me conmueve y que genera, para con ellos, lealtad infinita.

Córdoba es una etapa muy corta pero muy feliz de mi vida.

En momentos como este, deseo con todas mis fuerzas poder tomarme el primer micro o avión a Córdoba.

Escaparme para siempre a la Nueva Andalucía.

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Naranjón

3 junio 2008

Para los porteños, la Tarjeta Naranja es absolutamente desconocida. Esta tarjeta de crédito nacida en Córdoba e inmensamente popular en todo el país tiene comerciales excelentes. Desde el jingle “vamos a pintar de naranja la ciudad / porque ningún otro color / le queda mejor / Córdoba, Naranja y vos” que hizo historia en la televisión mediterránea en adelante, la tarjeta no deja de sorprender. Hoy, Naranja presentó Corazón, el primer capítulo de las Historias Naranja, un corto de 10 minutos con Pablo Echarri y Carolina Peleritti. Con una inversión de 6 palos, los oranges se la jugaron: el comercial sólo podrá ser visto por internet.

Altamente recomendable.

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Un país en eterna adolescencia

1 junio 2008

Artículo publicado en la edición de mayo de La Res Pública:

Desde hace algunas semanas que he tomado la decisión de dejar de hablar sobre política con la gente. No es porque el tema no me interese; todo lo contrario. Lo que ocurre es que parece que la mayoría de los argentinos han tomado una posición y o estás con ellos o sos de los otros, sin término medio.

Los argentinos somos cuarenta millones de directores técnicos de todos los equipos de fútbol, desde River Plate hasta Aldosivi de Mar del Plata, cuarenta millones de ministros de Economía, cuarenta millones de médicos que se automedican, de abogados que se pelean con el policía de tránsito y, peor todavía, de analistas políticos que la tienen clarísima. El lema nacional debería ser cambiado de “En unión y libertad” a “Yo te voy a batir la posta”.

La Cristina y el Néstor vienen de La Plata y de Río Gallegos, respectivamente; no de Marte. Para mí, son un reflejo perfecto del Gran Pueblo Argentino en su conjunto: creen tener la posta y el que no está de acuerdo es, según ellos, un boludo, un conspirador que no quiere lo mejor para el país. Lo de las retenciones ha venido siendo un espejo de nuestra identidad nacional, de lo que somos como comunidad que vive en un mismo territorio. El Gobierno prefirió evitar la negociación y mandó de un saque semejante aumento de retenciones, que todo el país se desayunó de la noche a la mañana. A mucha gente no le gustó. Es lógico: el principio solidario de redistribución que tanto mencionaba el ahora ex ministro Lousteau, ¿se aplica a un impuesto que no es coparticipable? ¿Esa billonada de dólares va a volver a la gente o irá a financiar el delirante tren bala a Rosario y Córdoba? Pero todo eso, ¿justifica generar desabastecimiento y cortar rutas? Si nos quejamos de que el Gobierno no discute y no tolera el disenso, ¿la única solución es aplicar el mismo método?

Cuando les dije a algunos que no pensaba tomar partido en este conflicto agro-estatal, me dijeron que estaba perdiendo la oportunidad de protestar en este momento histórico. La poca autoridad que me da ser parte de la puta oligarquía de D’Elía me permite decir que las clases media y alta nacional han demostrado, una vez más, que son bastante nabas. Mientras las acusaban de formar un movimiento de Barrio Norte, se juntaban a manifestar con cacerolas de teflón en Santa Fe y Callao, donde muchos despotricaban contra “la puta de mierda” (Cristina) y “esos negros de mierda” (piqueteros). Después se horrorizan con los dichos de D’Elía. Él no es santo de mi devoción ni mucho menos, pero en esta le doy la razón: si viven quejándose de la negrada, es obvio que los negros se van a quejar de la blancada. Por lo menos, está bueno que el odio de uno sea correspondido por el otro, ¿no?

Con el Gobierno soy absolutamente escéptico. Si nunca voté al Frente para la Victoria es porque nunca me gustó el avance sobre el Consejo de la Magistratura, la no coparticipación de impuestos, el tener a las provincias, de esa manera, agarradas del cogote y, ya que hablamos del agro, el manejar al país como si fuera su estancia. Además, en octubre pasado fueron las elecciones y ahí ya se sabía que había inflación y que lo único que hacía Guillermo Moreno era patotear empresarios y maquillar cifras; ya se sabía que la redistribución de la riqueza era chamuyo; ya se sabía que a los K no les importaba la calidad institucional; ya se sabía que había corrupción por todos lados, que Julio De Vido era el cajero presidencial y que los fondos de Santa Cruz estaban afuera y no iban a volver. Para ponerlo en palabras del genio Diego Capusotto, ya se sabía que “el kirchnerismo es menemismo con derechos humanos”.

Sin embargo, como decía Bill Clinton, “es la economía, estúpido.” Mientras hay guita dando vueltas, al argentino la institucionalidad, el Consejo de la Magistratura, la coparticipación y la corrupción le resbalan. Creo que todavía hoy la mayoría de nuestros compatriotas piensan que la Felisa Miceli más que chorra era boluda, pobrecita, porque si vas a afanar al menos que no se note, y que Skanska es un equipo que juega en la Bundesliga.

En octubre pasado 45% de los argentos votaron al Matrimonio. Yo estuve a punto, lo admito, no por comulgar con los K sino porque la oposición en aquel momento era terrorífica y lo sigue siendo. Cuando metimos la boleta en la urna, sabíamos que el ciudadano o ciudadana (ahora está de moda hablar siempre en masculino y en femenino, ¿o no, argentinos y argentinas?) que surgiera electo iba a tener un mandato de cuatro años. Por suerte ya pasó la época de recurrir a los cuarteles para darle el raje al gobernante de turno. Ahora me parece que nos toca acostumbrarnos a usar los instrumentos democráticos. El año que viene hay elecciones legislativas. ¿No te gusta cómo viene el Gobierno? No le votes diputados y senadores. En cuatro años votá a la oposición. ¿Expresá tu bronca mientras tanto? Sí, pero no nos jodas la vida a nosotros, a nuestra posteridad y a todos los hombres del mundo quieran habitar en el suelo argentino. Así funciona en todos los países más o menos civilizados. No hablo de Europa ni de Estados Unidos. Hablo de Brasil y de la India. En Brasil son 190 millones de tipos y en la India viven mil millones de personas. Les debe costar más que a nosotros ponerse de acuerdo pero, así y todo, no andan cortando rutas cada vez que les pinta.

Una vez un uruguayo me dijo que la Argentina es un país en eterna adolescencia. No está tan mal. La adolescencia pasa; la bipolaridad, no.

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Prólogo

1 junio 2008

Buenas noches.

Siempre soñé con el blog propio y tuve muchos. Apenas uno tuvo un moderado éxito, fruto de una sobredosis de comentarios en blogs ajenos publicitando el propio. En los demás, mis únicas asiduas lectoras eran mis novias. Yo tenía un blog por cada novia, y cuando cortaba abría uno nuevo. Cuando los muchachos de La Res Pública me invitaron a colaborar con su revista, pensé que sería un buen momento para abrir una nueva bitácora, como le dicen en España.

No me gusta este asunto de las presentaciones, así que las evitaré. Sólo intentaré definirme en 10 tags, como para seguir con la onda blogger: porteño, argentino, trotamundos, estudiante, lector, cínico, disconforme, zurdito, oligarca, curioso.

Son diez, ¿no?

Bueno. Era eso nomás.

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